Pobre de esa alma,
que llamaba sin temor a la muerte,
pidiendole que la llevara consigo,
su cuerpo totalmente inerte.
Era tanto el dolor,
que no cabia en cuerpo humano,
queria que este ser inebitable,
la llevara tomada de la mano.
Sin embargo la muerte se negaba,
rotundamente de llevarla,
mencionaba que no era hora,
que mas tiempo devia esperarla.
Este pobre ser inocente,
trando poder de verla,
sufriendo un gran dolor,
espera su luz eterna.
Zárate,Rafael.


